domingo, 27 de abril de 2008

Consensos a la jujeña (mmmm)

La semana pasada tuvimos la oportunidad de traer a colación los exitosos casos de consensos alcanzados tanto en España como en Chile, con resultados altamente satisfactorios.
Hoy vislumbramos un intento, aquí en nuestra provincia de Jujuy, por parte del gobierno provincial para alcanzar acuerdos (todavía no sabemos en qué áreas) con diferentes sectores de la sociedad.
En tal sentido debemos manifestar nuestro interés en tal llamado mas no debemos ser arrebatados por la euforia pues las condiciones y los mecanismos de este “llamamiento” distan de ser los suficientes. ¿Por qué? Echemos un vistazo.
El gobierno provincial recibe todos los lunes a un sector social o partido político a fin de conversar sobre diferentes temas de interés provincial. Demás está decir que, y no hace falta que llamemos a un matemático a tal fin, a fin de Octubre (con suerte de este año) la totalidad de los sectores sociales de relevancia en la provincia de Jujuy (incluimos partidos políticos, organizaciones sociales de envergadura, Iglesia, etc.) se habrán sentado en los sillones de la casa de gobierno cara a cara con los funcionarios pertinentes.
Asimismo los temas a tratar todos los lunes no están bien informados a la sociedad como así tampoco los alcances y resultados de cada encuentro. Las ausencias brillan y el debate de ideas se desbarranca.
Es dable destacar que los consensos alcanzados en los países arriba reseñados fueron fruto de conversaciones y diálogos desarrollados en amplios debates conjuntos y con puntuales y comunes temas para desarrollar políticas programáticas en conjunto. Y no en encuentros separados y a razón de uno por semana.
Si lo que procuramos conseguir es poder delimitar políticas de Estado a nivel provincial entre todos los sectores sociales para así sacar a nuestra provincia del atraso y la decadencia, el ritmo de las conversaciones debe ser otro. El diálogo debe ser franco, continuo, plural y a la vista de toda la comunidad.
Es así que los puntos de debate deben ponerse sobre la mesa, discutir todos los pormenores, las estrategias, los costos y los beneficios de todas aquellas acciones tendientes al cumplimiento de aquellos, etc.
En ese sentido es que debemos, y de una vez por todas, concordar en posiciones comunes que hacen a la vida diaria de todos los jujeños, a saber: la actitud frente a grupos de presión como ser los “piqueteros”; el apoyo gubernamental al sector tabacalero; las eternas políticas asistencialistas; el trabajo en negro; etc.
Solo si los referentes políticos y sociales se ponen los pantalones largos y se apartan de actitudes poco serias, carentes de civilidad y faltas de contenido ideológico, Jujuy puede lograr niveles de desarrollo dignos.

domingo, 20 de abril de 2008

Reglas claras, politicas serias

La historia reciente (y no tanto) de nuestro país nos enseña que en muy pocas ocasiones nuestros gobiernos han implementado políticas basadas en el largo plazo, a fin de darle un marco de previsibilidad al sistema jurídico argentino.
A tal fin podemos vislumbrar reglas de juego que cambian según el color político del gobierno de turno, tornando en un verdadero caos el campo de acción de los agentes involucrados.
¿Cómo pueden decidir sus acciones los individuos y las empresas tanto en su consumo como en sus inversiones si no tienen una idea clara, o por lo menos vaga, del sentido del soplido de viento? ¿Es razonable planificar a diez, quince o veinte años en un país donde su historia nos indica que el último proyecto de país se fue juntamente con Frondizi?
Es necesario e imperioso entonces clarificar el esquema nacional en lo que se refiere a aquellas políticas de Estado que, por su impacto en las estructuras vitales del país, no deberían cambiar cuando se muda de ideología política a nivel gubernamental.
La pregunta obvia radica en: ¿está capacitado el sistema de partidos políticos de la República Argentina para alcanzar un consenso en tal sentido? ¿Hay antecedentes de países vecinos o cercanos al nuestro? Repasemos la historia.
Luego de la muerte y posterior caída del régimen franquista en España, se generó el clima propicio para que todos los actores políticos que comenzaban a desandar la democracia española programaran el país de los siguientes años.
En tal sentido se reunieron y diseñaron la España que los españoles esperaban para sí y para sus hijos. Por ello es que directivas fundamentales para el desarrollo y bienestar del país fueron trazadas por la totalidad de las fuerzas políticas de entonces.
El Pacto de la Moncloa nació en octubre de 1977: España mantuvo políticas de Estado que la sacaron del atraso y la pobreza y la posicionaron en los más altos niveles de vida de Europa y del mundo entero.
El lector podrá, y está en todo su derecho, manifestar que la idiosincrasia española y europea dista de converger con la argentina y sudamericana, por lo que pactos políticos como el enunciado difícilmente se realicen y respeten por estas tierras.Bueno, la historia nos otorga ejemplos más cercanos.
Al finalizar la feroz dictadura de Augusto Pinochet en Chile, determinadas fuerzas políticas del país trasandino (al igual que en el caso español) diseñaron políticas fundamentales que no podrían desvirtuarse por el color político del gobierno de turno. Nacía la Concertación.Aunque reste camino para que la sociedad chilena alcance un pleno bienestar, o por lo menos se acerque a los niveles europeos de vida, Chile es hoy el país más previsible de América del Sur, con políticas estatales acorde con la seriedad de sus gobiernos, sean de izquierda o de derecha.
Ahora bien, ¿nos quedan excusas para seguir planificando como lo hacemos? ¿Somos los argentinos menos que los chilenos o incluso que los españoles?
Creo que la historia nos indica que sólo con consensos se crean las bases fundamentales de un país serio y desarrollado.
Es hora de que nuestros dirigentes, sean de la fuerza política que sean, se sienten y programen el país de los próximos veinte o cincuenta años y se comprometan a cumplimentar todas aquellas políticas necesarias para que Argentina ocupe el lugar que su naturaleza y condiciones geográficas y humanas le tienen reservado: un país donde sus habitantes puedan alcanzar niveles de vida dignos.De una vez y para siempre.