Un fenómeno que se viene desarrollando en el mundo desde hace varias décadas atrás es el retroceso permanente de la Iglesia Católica en lo que hace a su poder relativo dentro de la sociedad civil como así también a la cantidad de feligreses en su seno.
Durante el papado de Juan Pablo II la Iglesia Católica perdió a casi 70 millones de fieles, no pudiendo contrarrestar tal sangría la popularidad del máximo prelado ni la incesante labor de miles de curas en las bases mismas de la jerarquía eclesiástica.
Y Jujuy no ha sido la excepción a todo ello: miles de individuos han reducido sus prácticas religiosas católicas llegando incluso a abandonar completamente la religión de sus padres y abuelos.
Por supuesto que el gran beneficiado de lo que acontece es ni más ni menos que el sector “protestante que, dentro del cristianismo, viene logrando resultados formidables en su afán de captar nuevos fieles, sumando mayores cuotas de poder e injerencia en todos los ámbitos sociales.
Las causas de semejante “traspaso” provienen del letargo de la Iglesia Católica en adecuarse a los tiempos que corren, con nuevas y diferentes exigencias con las cuales deben los individuos afrontar en su vida cotidiana.
Hoy en día el mundo globalizado y moderno posibilita un desarrollo pleno de las capacidades de cada individuo, mas asimismo le franquea obstáculos a los cuales no ha estado preparado, debiendo acudir a ayudas exteriores de cualquier tipo. Y la religión no es ajena a esto.
Por ello es que toda religión debe adaptarse a los tiempos que corren, reestructurando sus grandes dogmas como también su discurso dirigido a la sociedad para así poder cumplimentar con sus objetivos de máxima: brindar serenidad y contención a los individuos en su camino hacia la fe.
Lo que quiero destacar de este fenómeno es la distribución del poder político dentro de una sociedad civil: las iglesias evangélicas avanzan sin freno en el ámbito local a la par que la Iglesia Católica no sólo no suma adeptos sino que retrocede regularmente.
No nos extrañemos que en el futuro encontremos un rol mucho más preponderante de las iglesias protestantes en el tejido económico - político, atento el influyente papel que vienen desempeñando en la población.
Debemos reconocer que tanto la iglesia católica y las iglesias evangélicas son organizaciones no gubernamentales de suma importancia dentro del marco social nacional en general y local en particular. Lo que acontece es que mientras una muestra un paso arrollador, la otra tiene los ojos vendados.
El tiempo nos dirá el final de esta historia, aunque ya muchos podemos imaginarla.
Durante el papado de Juan Pablo II la Iglesia Católica perdió a casi 70 millones de fieles, no pudiendo contrarrestar tal sangría la popularidad del máximo prelado ni la incesante labor de miles de curas en las bases mismas de la jerarquía eclesiástica.
Y Jujuy no ha sido la excepción a todo ello: miles de individuos han reducido sus prácticas religiosas católicas llegando incluso a abandonar completamente la religión de sus padres y abuelos.
Por supuesto que el gran beneficiado de lo que acontece es ni más ni menos que el sector “protestante que, dentro del cristianismo, viene logrando resultados formidables en su afán de captar nuevos fieles, sumando mayores cuotas de poder e injerencia en todos los ámbitos sociales.
Las causas de semejante “traspaso” provienen del letargo de la Iglesia Católica en adecuarse a los tiempos que corren, con nuevas y diferentes exigencias con las cuales deben los individuos afrontar en su vida cotidiana.
Hoy en día el mundo globalizado y moderno posibilita un desarrollo pleno de las capacidades de cada individuo, mas asimismo le franquea obstáculos a los cuales no ha estado preparado, debiendo acudir a ayudas exteriores de cualquier tipo. Y la religión no es ajena a esto.
Por ello es que toda religión debe adaptarse a los tiempos que corren, reestructurando sus grandes dogmas como también su discurso dirigido a la sociedad para así poder cumplimentar con sus objetivos de máxima: brindar serenidad y contención a los individuos en su camino hacia la fe.
Lo que quiero destacar de este fenómeno es la distribución del poder político dentro de una sociedad civil: las iglesias evangélicas avanzan sin freno en el ámbito local a la par que la Iglesia Católica no sólo no suma adeptos sino que retrocede regularmente.
No nos extrañemos que en el futuro encontremos un rol mucho más preponderante de las iglesias protestantes en el tejido económico - político, atento el influyente papel que vienen desempeñando en la población.
Debemos reconocer que tanto la iglesia católica y las iglesias evangélicas son organizaciones no gubernamentales de suma importancia dentro del marco social nacional en general y local en particular. Lo que acontece es que mientras una muestra un paso arrollador, la otra tiene los ojos vendados.
El tiempo nos dirá el final de esta historia, aunque ya muchos podemos imaginarla.