Que los argentinos nos enredamos y perdemos en debates eternos y muchas veces estériles no es una novedad que haya descubierto luego de análisis detallados y completos.
Que disfrutemos de tropezarnos con la misma piedra varias veces, de averiguar si los ángeles vuelan hacia atrás o hacia adelante, de descubrir el sexo de las mariposas, entre otras actividades apasionantes, ha sido una constante entre los habitantes de este lado del mundo.
Ahora, que recojamos guantes abandonados hace ya varias décadas me impresiona y me irrita un poco.
Al grano: el año pasado la Legislatura de la Provincia de Salta decidió convalidar un proyecto de reforma de la Ley de Educación Provincial remitida por el Poder Ejecutivo (Expte. Nº: 91- 20.973/08) que, entre otros tópicos, introduce la enseñanza obligatoria de la religión.
Luego de rasgarme los ojos repetidas veces y de comprobar que el expediente reseñado databa del año pasado, me puse a pensar si era un error informativo. Bah, me puse a desear que lo fuera, realmente.
Enseñar religión en las escuelas públicas es un tema ya superado con creces no sólo en este país sino en casi todo el hemisferio occidental, encontrando la misma postura en la mayoría de los lugares que nos encontremos: la religión debe alejarse de las aulas oficiales.
El alumno no puede recibir enseñanza moral de ninguna índole ni ser impartido de verdades a las cuales todas las religiones son adeptas y adictas. Eso es ámbito privado y reservado a su entorno familiar.
No podemos pretender la conformación de sociedades democráticas y tolerantes si desde el vamos inculcamos posturas con sabor a verdades pétreas e inamovibles que no hacen otra cosa que atacar las diferencias.
El oficialismo salteño, en clara posición de defensa a ultranza de lo indefendible, señala que no hay que alarmarse: la religión católica no será la única abordada por los escolares. Mmm…insuficiente.
Todo individuo tiene derecho a elegir su religión y a rechazar a todas ellas, si así lo siente. Por lo que debemos defender la no religiosidad de las aulas públicas pues ello conlleva una igualdad entre todos los protagonistas de la escuela.
Más aún…cual delantal blanco obligatorio, la laicidad de la enseñanza pública nos iguala a todos, nos asemeja y nos cubre de un manto de homogeneidad que no debemos abandonar jamás.
La ley tratada, en clara oposición al art. 11 de la Constitución de Salta en cuanto que “nadie puede ser obligado a declarar la religión que profesa”, dispone que cada alumno debe manifestar si “cree o no”, debiendo los escolares que opten por la segunda opción retirarse del aula durante la clase. Inaudito!!
Realmente la norma supera todos los límites de la razonabilidad y la tolerancia, en claro perjuicio para aquel que no crea, que no comparta las creencias, que no sienta lo mismo. En fin, el diferente pierde siempre, siempre.
Todo acto que conlleve diferenciar a los alumnos, directa o indirectamente, deviene en un atentado a la democracia y a sus instituciones. Y sus consecuencias las padeceremos en el futuro.
Espero muy fervientemente que Sarmiento esté mirando para otro lado. Sino, le pido perdón en nombre de mis compatriotas salteños.
Que disfrutemos de tropezarnos con la misma piedra varias veces, de averiguar si los ángeles vuelan hacia atrás o hacia adelante, de descubrir el sexo de las mariposas, entre otras actividades apasionantes, ha sido una constante entre los habitantes de este lado del mundo.
Ahora, que recojamos guantes abandonados hace ya varias décadas me impresiona y me irrita un poco.
Al grano: el año pasado la Legislatura de la Provincia de Salta decidió convalidar un proyecto de reforma de la Ley de Educación Provincial remitida por el Poder Ejecutivo (Expte. Nº: 91- 20.973/08) que, entre otros tópicos, introduce la enseñanza obligatoria de la religión.
Luego de rasgarme los ojos repetidas veces y de comprobar que el expediente reseñado databa del año pasado, me puse a pensar si era un error informativo. Bah, me puse a desear que lo fuera, realmente.
Enseñar religión en las escuelas públicas es un tema ya superado con creces no sólo en este país sino en casi todo el hemisferio occidental, encontrando la misma postura en la mayoría de los lugares que nos encontremos: la religión debe alejarse de las aulas oficiales.
El alumno no puede recibir enseñanza moral de ninguna índole ni ser impartido de verdades a las cuales todas las religiones son adeptas y adictas. Eso es ámbito privado y reservado a su entorno familiar.
No podemos pretender la conformación de sociedades democráticas y tolerantes si desde el vamos inculcamos posturas con sabor a verdades pétreas e inamovibles que no hacen otra cosa que atacar las diferencias.
El oficialismo salteño, en clara posición de defensa a ultranza de lo indefendible, señala que no hay que alarmarse: la religión católica no será la única abordada por los escolares. Mmm…insuficiente.
Todo individuo tiene derecho a elegir su religión y a rechazar a todas ellas, si así lo siente. Por lo que debemos defender la no religiosidad de las aulas públicas pues ello conlleva una igualdad entre todos los protagonistas de la escuela.
Más aún…cual delantal blanco obligatorio, la laicidad de la enseñanza pública nos iguala a todos, nos asemeja y nos cubre de un manto de homogeneidad que no debemos abandonar jamás.
La ley tratada, en clara oposición al art. 11 de la Constitución de Salta en cuanto que “nadie puede ser obligado a declarar la religión que profesa”, dispone que cada alumno debe manifestar si “cree o no”, debiendo los escolares que opten por la segunda opción retirarse del aula durante la clase. Inaudito!!
Realmente la norma supera todos los límites de la razonabilidad y la tolerancia, en claro perjuicio para aquel que no crea, que no comparta las creencias, que no sienta lo mismo. En fin, el diferente pierde siempre, siempre.
Todo acto que conlleve diferenciar a los alumnos, directa o indirectamente, deviene en un atentado a la democracia y a sus instituciones. Y sus consecuencias las padeceremos en el futuro.
Espero muy fervientemente que Sarmiento esté mirando para otro lado. Sino, le pido perdón en nombre de mis compatriotas salteños.
1 comentario:
Si Sarmiento no esta mirando para otro lado seguro se esta revolviendo en su tumba... Qué clase de fundamento podría motivar en pleno siglo XXI y entre personas de un presumiblemente alto nivel educativo semejante iniciativa. Y a la vez que me lo pregunto, y se los pregunto, asumo que no existe la respuesta que con tanto empeño el Dr. Glück seguramente haya buscado antes de manifestar su indignación en este artículo. Confío en que mentes reflexivas como la del autor, y sensatas, como las de otros tantos argentinos, no permitan prosperar este retroceso.
Un abrazo desde Uruguay!
MC
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